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Presentación de mi trabajo




                El advenimiento de la fotografía en el transcurso de los siglos 18 y 19 ha liberado la pintura de su función de reproducción fiel de lo real, y ha probablemente facilitado la emergencia del arte no figurativo y abstracto. De igual manera, la computadora permite hoy en día que la fotografía se libere de su deber de fidelidad al modelo. No es que numerosos y a veces inspirados fotógrafos no se hayan evadido de la obligación  reproductiva, sin embargo, los programas de tratamiento de la imagen autorizan un paso más. ¿ que digo un paso? diez pasos, un salto, un salto mortal, un salto de ángel,  un triple volteado…en el imaginario (en “imaginario” hay “imagen”). La foto se hace el punto de partida, el trampolín, de un infinito trabajo de proyección !

            El objeto está transformado por la mirada, más bien está transferido en otra dimensión, transfigurado de cierto modo. En unas cuantas aventuras “ciber-artísticas”, no se reconoce, se vuelve una entidad distinta y queda, al fin, un objeto estético. Pero el proceso está mucho más valorizado cuando el objeto queda expuesto y discernible y que el tratamiento sufrido le ha constreñido a “contar otra historia”, revela (otra palabra fotográfica, como por casualidad) una verdad hasta ahí escondida o incluso, talvez, una buena mentira.

            Un amigo mexicano, escritor (y domador de palabras salvajes) a quien le había
pedido que encontrara un vocablo capaz de calificar o resumir mi trabajo piensa que el término “tran-sustanciación” podría convenir, porque este trabajo consiste en hacer perceptible “el otro lado de las cosas”, a cambiar su sustancia. Esta palabra, que no aparece en los diccionarios, me agrada y así pues lo adopto con mucho gusto (y agradecimiento para con su inventor) aunque tenga que confesar que cambiar la sustancia de “las cosas” es, en efecto, mi propósito, pero no forzosamente - y no siempre -  el resultado obtenido, este último dependiendo por parte de la casualidad y del imprevisto.

            Como un guiño dirigido a los chamanes de América Central que he tenido la oportunidad de fotografiar en El Salvador (y quienes fueron objeto de una “tran- sustanciación”), me atrevo a proponer aquí también el término de “Tecno-brujería” que tomo de una novela de Salman Rushdie (La tierra bajo sus pies).